La pérdida del empleo, especialmente cuando es inesperada, trae consigo una serie de emociones negativas. Un contrato de trabajo es mucho más que aspectos legales y económicos formalizados en un documento, tiene una representación simbólica muy significativa para las personas pues, entre muchas otras cosas, representa la certeza de asegurar la satisfacción de necesidades básicas, hace tangible la expectativa de valerse a sí mismo por medio de las propias capacidades, fortalece la percepción de auto-eficacia y también representa una fuente de obtención de reconocimiento y status social.
El despido produce respuestas de ansiedad aguda, deterioro de la auto-estima y concepto de sí mismo, síntomas psicosomáticos, hipertensión, depresión, descuido en arreglo personal y, en algunos casos, aparición de patologías más severas como abuso de drogas y alcoholismo.
En el plano familiar se llegan a afectar las relaciones con los hijos y cónyuge, especialmente cuando la persona no puede continuar respondiendo con su rol proveedor.
Afortunadamente, a fin de que la persona transite desde una etapa de pérdida y desarraigo hacia una de búsqueda activa de empleo y manejo de oportunidades, la psicología industrial, ha desarrollado programas de ayuda conocidos como desvinculación asistida (outplacement) y que están destinados a facilitar la búsqueda de empleo eficiente y dentro del menor tiempo posible.
Estos programas de trabajo implican evaluación del desarrollo profesional; evaluación de competencias actuales a nivel técnico y en cuanto a sus capacidades intelectuales, emocionales y sociales; orientación laboral; estrategias de marketing profesional; manejo de la entrevista de trabajo; asesoramiento en imagen profesional y aprender a usar el mercado de empleo.
Es muy importante comprender la relevancia de mantener la mente ocupada en la tarea de encontrar trabajo, que es en sí un trabajo o así lo deberíamos afrontar. Esto tiene relación con planificar las actividades de la semana o de cada día, en términos de qué acciones concretas se van a realizar en pro de obtener un empleo.
Elaborar listas de tareas, de contactos telefónicos, de llamadas por hacer, de documentos y presentaciones por preparar y, sobre todo, enfocarse en el logro de entrevistas de trabajo ya que es en estas en donde la persona puede “vender” sus conocimientos, experiencias y habilidades desarrolladas a lo largo de su carrera laboral.
La actitud que se debe tener para enfrentar mejor el periodo de cesantía es una actitud abierta a reconocer las oportunidades que trae todo proceso de cambio, aceptando la carga dolorosa que implica la pérdida en vez de negarla o minimizarla como si no existiera. Comprender que este proceso de pérdida es similar a un duelo, que implica dolor, pena, recogimiento y vuelco hacia el interior a fin de dar cabida a una normal expresión de emociones y sentimientos para luego dar paso a un tratamiento más racional, basado en el análisis frío de las propias fortalezas y debilidades para competir en el mercado laboral, para corregir en el corto plazo aquellos aspectos más deficitarios y destacar también aquellos más desarrollados.
Por último, e insistimos, lo que nunca se debe hacer en caso de pérdida de empleo es saltarse la fase señalada aquí de atención a las propias emociones experimentas, aceptación de la pérdida, auto-crítica y reflexión sobre las propias capacidades, el estado actual de desarrollo de las competencias laborales, las fortalezas y debilidades presentes y, principalmente, cuidar la integridad de las expectativas de mejora sobre la propia capacidad profesional, la auto-eficacia y mantener a toda costa la capacidad para abrigar esperanzas de un futuro mejor.
Vía: asimetcapacitacion.cl





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